La historia del Servicio Municipal de Ambulancias y Desinfecciones

El libro “El Servicio Municipal de Desinfecciones de Bilbao” escrito por Juan Manuel Gondra Rezola y editado por BILBAO Ría 2000, recoge la historia del Servicio Municipal de Ambulancias y Desinfecciones (1884/85 – 2003).

JUAN GONDRA REZOLA (Bilbao, 1946) médico municipal durante 38 años hasta su jubilación en junio de 2010, llegando a ser el último decano del Cuerpo Médico Municipal de Bilbao, al que estaba adscrito al Servicio Municipal de Ambulancias y Desinfecciones. Dirigió la reforma de las ambulancias y tuvo ocasión de asistir a los últimos tiempos de “Desinfecciones”, lo que motivó su interés por conocer el pasado y los antecedentes de aquel Servicio. Fruto de ello fueron sendos artículos dedicados a la historia de ambulancias y desinfecciones, publicados en los periódicos “Bilbao” de noviembre y diciembre de 2000.

“La historia del Servicio de Desinfecciones a lo largo de sus más de noventa años de existencia”

Transcurrido ya un año desde su inauguración, en el Servicio Municipal de Desinfecciones se dieron algunos cambios importantes. En el año 1919 el Ayuntamiento acordó la disolución del “cuerpo de camilleros” y encomendó el transporte de heridos y enfermos al servicio que, a partir de entonces, iba a ser llamado de “Ambulancias y Desinfecciones”. Es curioso que la motivación de este cambio fuera la “motorización” de ambos servicios y la necesidad de contar con choferes y mecánicos duchos en el manejo de automóviles.

En efecto, según avanza el siglo XX, comenzó a ser considerado incómodo, lento y gravoso el uso de tiros de caballos para arrastrar los equipos de desinfección o transportar los objetos a desinfectar. Parecía más económico y rápido el uso de vehículos automóviles, pero la propia ubicación del servicio en Zabalbide imposibilitaba esta solución debido a sus dificultades de acceso. Cuando llegó el traslado a la nueva sede de Zankoeta, que disponía de un acceso de automóviles muy cómodo, la corporación decidió dotar al nuevo centro de vehículos a motor. Para ello, adquirió dos automóviles de segunda mano a Galo Arroitia y las reformó para que pudieran ser utilizados en el transporte de mercancías.

El buen resultado obtenido durante su primer año de utilización animó a sustituir también en las ambulancias el tiro de sangre por vehículos automóviles. Las dos primeras camionetas-ambulancia, “Panhard Levassor” (sic) de 15 caballos, fueron adquiridas también de segunda mano a la casa Asensio Ercoreca por un precio de 12.000 pesetas. Su carrozado para transformarlas en ambulancias corrió a cargo de los talleres municipales situados en “La Isla”. Los chóferes conducían indistintamente cualquiera de los vehículos, furgonetas o ambulancias, y su mantenimiento fue encomendado al maquinista encargado de la maquinaria de desinfecciones.

Algunos de los antiguos camilleros pasaron a otros servicios municipales y cinco de ellos se incorporaron al Servicio de Desinfecciones como fumigadores interinos. Quedaba así configurada una plantilla compuesta por un practicante cabo, un “fumigador distinguido”, un maquinista, tres chóferes y dieciocho fumigadores que hacían también las funciones de camilleros. Su horario de trabajo era de cuarenta y ocho horas semanales. Durante los primeros años no se realizaban guardias nocturnas y cuando se presentaba una urgencia era el practicante cabo del servicio quien debía decidir si era necesario movilizar a las ambulancias. En caso afirmativo, llamaba a los camilleros para que realizaran el servicio. Aquel sistema había funcionado cuando las sedes de estos dos servicios se encontraban en Solokoetxe y en Atxuri y los camilleros residían en sus proximidades, pero con el traslado a Zankoeta se producían retrasos que la población consideraba inaceptables. Por este motivo, fue necesario introducir estas guardias. La estancia nocturna exigió la habilitación de un dormitorio y una cocina para el personal de guardia.

Plantilla del Servicio Municipal de Ambulancias y Desinfecciones hacia 1955. En el centro, el cabo-practicante Eugenio Bravo Hernando.

En un principio las guardias nocturnas no se consideraban como parte de la jornada laboral y se abonaban como sobresueldo: cuatro pesetas a los camilleros y cinco a los chóferes. Poco después de finalizar la Guerra Civil (1936-1939), se introdujo un cambio sustancial en el reparto de las horas de trabajo. Se organizó de tal forma que permaneciera siempre en servicio un equipo compuesto por dos conductores y cinco camilleros-fumigadores, los cuales se relevaban en turnos de doce horas. A partir de 1936, el horario semanal quedó reducido a cuarenta y cuatro horas, que fueron reduciéndose aún más a partir de 1960, hasta llegar a treinta y ocho horas en el año 1973. Como esta reducción de horario no fue acompañada del correspondiente incremento de plantilla, dio lugar a que se acumularan de forma escandalosa las horas extraordinarias trabajadas, cuya retribución venía a compensar lo reducido del salario.

Vicisitudes posteriores del Servicio de Desinfección

Entre los años 1920 y 1935 el centro de Zankoeta vive sus mejores años. Mantuvo las funciones descritas anteriormente y atendió a una carga de trabajo que fue creciendo poco a poco, aunque sin rebasar sus posibilidades. En 1931, se ampliaron las funciones con la creación de un equipo de desinsectación atendido por un fumigador encargado y tres eventuales. También se incluyó la lucha para controlar la población urbana de ratas; pero hasta los años sesenta no se comenzó a realizar una labor efectiva en este campo.

La Guerra Civil (1936-1939) supuso un fuerte incremento de trabajo para el Servicio. Bilbao acogió a un gran número de refugiados huidos de sus hogares, muchos de los cuales se vieron obligados a vivir en precarias condiciones de higiene. El Servicio de Ambulancias y Desinfecciones multiplicó sus actuaciones y fue una pieza importante en el dispositivo de prevención de enfermedades transmisibles organizado por el Gobierno Vasco. Gracias a las fuertes medidas de prevención adoptadas se evitó la aparición en Bilbao de éstas, en especial del temido tifus exantemático.

Vista de la sala de desinfecciones desde el lado sucio. En la pared empotradas se distinguen la lejiadora, las dos autoclaves y tres lavadoras. Al fondo se sutúa el horno.

Durante la posguerra, el hambre y las condiciones de higiene que debía soportar la población, y concretamente los refugiados, favorecieron el rebrote de enfermedades ya casi olvidadas, como la viruela. No resultó fácil aplicar medidas contra la infestación por piojos, pues los refugiados no se hallaban en centros a cargo de organismos gubernamentales, sino que malvivían por su cuenta, alojados en casas abandonadas que habían ocupado en muchas ocasiones sin el consentimiento de sus propietarios. En Bilbao, cerca de 10.000 habitantes malvivían en infraviviendas. De manera que cuando el tifus exantemático se propago por España, transmitido por lo que dio en llamarse con un cierto tono humorístico “el piojo verde”, era cuestión de tiempo que la enfermedad llegara a la Villa. Cuando lo hizo, enfermaron por esta causa cerca de doscientas personas, de las que dieciséis fallecieron. Alrededor de 7.500 personas fueron trasladas manu militari al hospital de Elejabarri para enfermedades infecciosas o al Centro de Desinfecciones de la calle Zankoeta, 2.895 hombre y 4.600 mujeres y niños. Todas ellas se ducharon, fueron desinsectadas y despojadas de su ropa, la cual, una vez lavada y sometida al calor y al ácido cianhídrico para eliminar los piojos y sus liendres, les era devuelta una horas más tarde cuando recibían el alta. Con tan expeditivo recurso quedó completamente cortado el brote infeccioso y ya no se registró ningún caso más de contagio.

Pero la situación comenzó a variar a partir de los años cincuenta, porque los avances de la medicina permitieron que las medidas de desinfección fueran cada vez menos necesarias, lo que supuso una reducción de la carga de trabajo de este servicio. Todo lo contrario sucedió con la demanda de ambulancias que sufrió un incremento paulatino durante aquellos años, debido en parte al aumento de la población, pero, sobre todo, al gran incremento de accidentes de tráfico ocasionado por el enrome crecimiento del parque de vehículos a motor.

Ambulancias aparcadas frente al edificio de la calle Zankoeta. 1935.

En el año 1980, las ambulancias concentraban el mayor porcentaje de actividad del centro de Zankoeta, mientras que las desinfecciones constituían una actividad marginal. Cuando tuvo lugar su cierra definitivo, en febrero de 2009, solo dos personas prestaban servicio de desinfección y su actividad se reducia a tareas de desinfección en locales municipales o en la vía pública.

Ambulancia.- Los traslados de enfermos a Hospitales, Manicomios, Clínicas y domicilios particulares en ambulancias municipales, han sido los que se describen a continuación:

Año

Traslados

1948

2.166

1949

1.916

1950

1.982

1951

1.831

1952

2.039

1953

2.027

Total

11.921

 Reformas del Servicio de Ambulancias

Ya en los años 70 se extendió por el mundo un nuevo concepto de los que debía ser un buena servicio de ambulancias; no se buscaba sólo un traslado rápido y en buenas condiciones”, sino la prestación de asistencia de urgencia para estabilizar las constantes vitales del enfermo o herido y efectuar después su traslado.

En los años 80, la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos se hizo ineludible; por ello, entre 1983 y 1987, se efectuó una reforma del Servicio que se apoyó en cuatro pilares:

  1. Transformación de los camilleros en Asistentes Sanitarios de Ambulancia, “ASA”, preparados para prestar una asistencia de soporte vital básico y para conducir el vehículo.
  2. Incorporación de un enfermero en cada turno, 6 en total, preparado para presta una asistencia de urgencia a un mayor nivel.
  3. Creación de una dirección médica, encargada de la formación del personal, de la preparación de protocolos asistenciales y del control de los traslados y tratamientos realizados.
  4. Adquisición de nuevos vehículos, equipados con modernos medios de transporte y de asistencia de urgencia.

Con esta reforma, el antiguo Servicio de Desinfecciones devino en un moderno y eficiente equipo de ambulancias, capacitado para prestar a los vecinos de Bilbao la asistencia de urgencia que en aquellos tiempos, como en los actuales, se requería.

En el año 2003 se separaron las ambulancias del resto del servicio y pasaron a integrarse en el cuerpo de bomberos, aunque seguían conservando su sede en la calle Zankoeta hasta febrero de 2009. Con ello, se volvió a la situación anterior al año 1919, cerrando un ciclo de más de ochenta años.

En la actualidad, el Servicio de Ambulancias Municipal de Urgencias y Rescate, Bilbao SAMUR, se encuentra integrado dentro de la Subdirección de Protección Civil del Área de Seguridad.

Otros documentos de interés:

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